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Consejos y datos para prevenir y tratar problemas con la procesionaria

Durante el invierno, las diminutas crías de la oruga procesionaria encuentran refugio en los sacos que cuelgan de los árboles. Con la llegada de febrero, es común que las personas que pasean con niños o perros levanten la vista hacia las copas de los majestuosos pinares en busca de los distintivos nidos blancos de las orugas.

Epidemia arbórea o amenaza a la salud colectiva

Las orugas (larvas) están cubiertas de pelos urticantes que pueden resultar muy molestos y dañinos para los seres humanos.

Estos pelos se desprenden fácilmente y flotan en el aire, pudiendo provocar irritación en oídos, nariz y garganta, así como intensas reacciones alérgicas.

La sustancia responsable de esta capacidad urticante es una toxina termolábil llamada Thaumatopina. Sin embargo, no solo son peligrosas para las personas, sino también para los animales.

Aunque las poblaciones de Thaumetopoea pityocampa pueden alcanzar niveles muy elevados y causar defoliaciones intensas en los árboles, sus efectos como plaga forestal suelen limitarse a afectar el crecimiento de los pinos.

En zonas con alta sequedad, estas defoliaciones pueden tener un impacto mínimo, ya que el crecimiento de los árboles ya está limitado por las condiciones climáticas. Sin embargo, en años con poblaciones elevadas, las defoliaciones pueden llegar a afectar a toda la masa foliar, aunque el árbol no muere por ello.

No obstante, sí pueden suponer un verdadero peligro si la procesionaria afecta durante varios años consecutivos, debilitando a los árboles y haciéndolos más vulnerables a otras enfermedades.

Además de su impacto en los bosques, la procesionaria también se considera un problema de salud pública ya que puede suponer un riesgo para niños y animales que se encuentren en zonas donde habitan estas orugas.

Protege tu bienestar diario de la presencia de la oruga procesionaria

Evitar la exposición a la oruga procesionaria es esencial para prevenir posibles daños en la salud. Mantenerse alejado de los árboles donde se encuentran estos insectos es la mejor forma de evitar su contacto. Sin embargo, también es posible utilizar métodos de control naturales para combatirlas.

Entre esos métodos, los hongos Cordyceps son una alternativa eficaz. Estos hongos liberan esporas que quedan atrapadas en los pelos de las orugas, cuando estas descienden del árbol a tierra en primavera. Una vez soterradas y en contacto con la humedad del suelo, las esporas germinan sobre las crisálidas, lo que causa la muerte de la mariposa en su interior.

La procesionaria bajo control el papel de una compañía experta

Para controlar eficazmente las poblaciones de cierta especie, se recurre a diversos medios físicos, químicos y biológicos, como la utilización de trampas con feromonas para atrapar machos adultos. Este método reduce sus posibilidades de reproducción y, por ende, el crecimiento de su población.

Otro método físico consiste en eliminar los bolsones, donde se encuentran las orugas, mediante su corte, apilamiento y posterior incineración.

En la actualidad, muchos ayuntamientos utilizan una forma de control alternativa: la inyección de una sustancia directamente en el tronco del pino que afecta a la plaga que se alimenta de él. Esta técnica permite la administración del producto de manera intravascular, lo que logra un resultado efectivo en el control de la población de la plaga.

Desaparecer la larva de la procesionaria Métodos efectivos para su erradicación

Es fundamental que solamente los profesionales se encarguen de eliminar la oruga procesionaria. En muchas ocasiones, es necesario utilizar pesticidas que pueden ser peligrosos para la salud.

Manejo efectivo de la procesionaria El control adecuado

Para contrarrestar el crecimiento excesivo de esta especie, se emplean diversas técnicas como medios físicos, químicos y biológicos. Un ejemplo de ello son las trampas de feromonas que atrapan a los machos adultos, disminuyendo así sus oportunidades de reproducción y, por ende, el número de individuos en la población.

Entre los medios físicos, se encuentra la eliminación de los bolsones: cuando las orugas se encuentran en su interior, se cortan, apilan y queman para evitar su propagación.

Actualmente, la técnica más utilizada por muchos ayuntamientos consiste en una inyección que se administra directamente en el tronco de los pinos, permitiendo que la solución se distribuya mediante el sistema vascular. Con esto, se logra afectar la plaga que se alimenta de los pinos con el producto aplicado.

Otra forma de control es la lucha química, que consiste en la fumigación con insecticidas durante las primeras etapas de desarrollo de las larvas. Sin embargo, a partir del año 2012, la Unión Europea prohibió el uso de medios aéreos con el objetivo de lograr una utilización sostenible de los productos fitosanitarios.

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Rosa Pérez, responsable del laboratorio de artrópodos y control integrado de la estación fitopatológica de Areeiro en Pontevedra, declaró a Efe que la oruga procesionaria es una plaga común en las zonas de pinares y que suele manifestarse con mayor intensidad en años de sequía.

Según sus palabras, por lo general, las orugas emergen de su crisálida durante los meses de verano y ponen huevos, de los cuales nacen las orugas que, durante la época más fría del año, se cubren con hilos de seda formando bolsones.

Una vez finalizado su desarrollo, descienden en fila de los árboles y se entierran en el suelo para completar su ciclo de vida.

La misteriosa vida de la oruga procesionaria descubre sus características y hábitos

La oruga procesionaria es una especie invasora que ataca principalmente a los pinos en la estación primaveral. Esta plaga voraz puede incluso llegar a matar a estas árboles de coníferas. Se puede identificar por su curioso movimiento, desplazándose en fila india formando procesiones. Su apariencia es de color marrón oscuro y está cubierta de pequeños pelos que contienen una sustancia tóxica llamada thaumetopoeina.

En la temporada invernal, estas orugas se refugian en una especie de bolas de seda que forman en la copa de los pinos para hibernar. Después, salen progresivamente para consumir las hojas de los pinos. Con la llegada de la primavera, empiezan a bajar en fila para protegerse mutuamente, de ahí su nombre procesionaria. Este método defensivo les permite proteger su punto débil, la cabeza, de los ataques de los pájaros.

Al llegar al suelo, estas orugas peludas se esconden bajo tierra, convirtiéndose en un peligro para las mascotas, ya que sus pelos urticantes pueden causar daños graves. Por esta razón, es importante mantener a los animales alejados de las zonas donde se encuentran estas orugas peligrosas.

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